Una estatua de Jesucristo con un halo dorado, vestido con ropas blancas y rojas, sosteniendo una lanza y levantando una mano en señal de bendición, rodeada de flores de colores en un altar elaboradamente decorado en una iglesia.

Historia de la Iglesia de La Merced

La Iglesia de Nuestra Señora de La Merced es uno de los templos más emblemáticos del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala y un referente fundamental de la fe, la historia y la religiosidad popular del país.

Su origen se remonta al traslado de la capital desde Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción, luego de los terremotos de 1773. El templo fue inaugurado en 1813, conservando la majestuosa fachada barroca que perteneció a la antigua iglesia mercedaria de Antigua Guatemala, considerada una de las más bellas del barroco en América.

Desde sus inicios, La Merced ha sido un espacio de encuentro espiritual, cultural y comunitario, profundamente ligado a la vida del pueblo guatemalteco. A lo largo del tiempo, ha sido testigo de momentos clave de la historia nacional y ha mantenido viva la devoción a Nuestra Señora de La Merced, patrona de los cautivos, así como la profunda veneración a Jesús de la Merced, imagen central de fe y esperanza para miles de fieles.

La iglesia es también un símbolo de la religiosidad popular guatemalteca, especialmente durante la Cuaresma y la Semana Santa, cuando las procesiones que parten de este templo congregan a multitudes que expresan su fe a través del silencio, la penitencia y la tradición. De igual manera, destaca la devoción a San Judas Tadeo, cuya imagen convoca constantemente a numerosos devotos que llegan al templo en busca de consuelo, fortaleza y esperanza ante las causas difíciles.

Desde el año 2013, la Parroquia de La Merced está a cargo de la Compañía de Jesús (Jesuitas), quienes han asumido el acompañamiento pastoral del templo con una visión profundamente arraigada en la espiritualidad ignaciana. Su presencia ha fortalecido la vida comunitaria, la formación en la fe, el compromiso social y la cercanía con las realidades del Centro Histórico, promoviendo una Iglesia abierta, acogedora y comprometida con la justicia, el discernimiento y el servicio a los demás.